Pero, ¿qué es lo que realmente nos convence?
En nuestra cabeza sabemos claramente lo que queremos, y esto, sólo es debido a que sabemos, de manera más o menos instintiva, qué es lo que necesitamos.
Ese debe ser el primer paso: tener claro cúal es nuestro “programa de necesidades”.
Podemos definirlo de muchas maneras, aunque yo recomendaría un gráfico o un esquema de ideas. Obviamente hay un conjunto de ideas o necesidades que son absolutamente imprescindibles, esto es, en el caso de una casa, un lugar donde fabricar alimentos (cocina), un lugar dedicado exclusivamente al aseo personal (cuarto de baño), un lugar para el descanso (dormitorio) y un lugar de almacenaje.

Y ahora la cuestión es qué otras cosas son necesarias. Es ahí donde entran las necesidades personales: algunos necesitan un lugar de trabajo, otros una zona de reunión social, otros un lugar donde practicar ejercicio, otros donde realizar un hobbie, etc.
Claro que antes hemos hablado de lo que es básico y dentro de lo que es una elección personal existe una opción que es más habitual en las viviendas: la zona de reunión social, o lo que es lo mismo, el salón (luego veremos que esta definición es matizable). De él hablaremos más extensamente en un próximo post.
Tan importante como tener claro qué necesitamos, lo es tener claro qué es un PLUS, que si es posible, nos gustaría añadir; aquí tenermos un ejemplo muy común, un cuarto de invitados.
Sabiendo que espacios son innecesarios nos evitaremos generar lo que denominaremos “Zona Muerta”.
Cuando dedicamos espacio en nuestra vivienda (y éstas normalmente no son ni mansiones ni palacios) a una actividad que no es claramente necesaria, estamos desperdiciando lo más valioso hoy en día: m2.
Así, con todos los elementos (básicos) que necesitamos iremos creando nuestro programa de necesidades, puede ser un gráfico como el del ejemplo o una lista, como más os guste o con lo que más cómodos os sintáis, pero que sea esquemático, para que las ideas estén muy claras.